La inercia del mundo me ha absorbido,
en el tránsito de mi pesado camino.
Conformándome a este siglo incierto.
Dejándome arrastrar en tormenta sin sentido.
Soñando despierto en un futuro mejor,
de sonrisas grandes y falaces.
Las noches son eternas y frías,
sin ningún consuelo para mi alma.
Si me condenan por mi presente
juzguenme; pero no me etiqueten de vil.
Porque tarde he comprendido,
que el camino y la verdad de mi Dios
es mi presente y futuro.
Descanso en el gran amor de Cristo,
para que me sostenga
en lo que me queda de aliento.
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